Olleros es el pueblo donde pasé mi infancia, en el pabellón 18, una
barriada minera comúnmente conocida como: Colominas, ejemplo de solidaridad, donde todos los vecinos arrimaban el hombro por el bien común.
Recuerdo las caras de los mineros tiznadas de negro, los monos azules, los nervios de mi madre, como muchas madres y mujeres de
mineros, cuando mi hermano se retrasaba al volver de la mina, el sonido de la sirena minera y sobre todo el cine obrero, me produce mucha tristeza su desaparición, ver el espacio vacío cuando pasas por la carretera nueva...
Recuerdo las meriendas en el hayedo, subir a la cruz y los juegos en la plaza, punto de encuentro de todos los niños del pueblo, sobre todo en verano, cuando las tardes se alargaban hasta bien entrada la noche.
Ahora nos quedan los restos mineros para recordarnos que el valle vivió tiempos mejores y el entorno, pulido por las dureza del invierno, dibujando los contornos de las montañas.





Las fotos me encanta, pero el relato que las encabeza es...PRECIOSO.
ResponderEliminarMe alegra que te haya gustado Mabel, que recuerdos ¿verdad? :)
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